LOS 365 DE FERNANDO
¡Sigo sin tener la menor intención de ser bien educado, y me importa una mierda que me diga que es usted Dios, cojones! Esto de estar muerto sigue siendo casi tan latoso como lo era el estar vivo. Desde que he dejado de perder el tiempo por no tener que contar con él, la eternidad se me ha hecho larga hasta haber conseguido mandar a la mierda al pesado éste que presentándose como Dios no hacía sino importunar como lo hacía en vida la panda grisácea de sus partidarios. Que si un autógrafo, por favor, Don Fernando, que siempre he sido un gran admirador suyo, que también aquí se ha seguido con interés su obra. No te jode: ¡si lo sé me la ahorro!, que es en realidad lo que me hubiese apetecido de haber tenido la suerte de haber nacido rico. Y fíjense que me pareció que muriendo allá por el final de lo que llamábamos 2007, el 2008 que ya no iba a ser mío no iba a depararme nada de nada, ni favorable ni contrario. Pues mucho que me equivocaba yo con esa presunción, porque fue dar incorpóreamente por aquí que en seguida empezó el asedio del pesado éste. Éste sí que estaba a punto de parecerme un viaje de verdad a ninguna parte, o peor aún, a una parte peor que ninguna. Menos mal que la imparable labor exterminadora de los años, allá en el otro lado, trajo con el 2008 alguna buena noticia para mí. ¡Joder, Rafael, tú por aquí! ¡Menos mal que alguien razonable viene a echar una mano contra tanto meapilas! Ver a Azcona, si se me permite, me causó gran alegría. ¿Y qué decir cuando al que me encuentro inopinadamente es a Paul Newman, ni más ni menos? Sí, ya sé que mi inglés es flojucho, inexistente más bien, como atestigua un tanto perversamente allá a lo lejos la Gardner, pero con este tipo nos entendemos estupendamente. Qué por qué les cuento todo esto. Y yo qué sé. Si a mí del 2008 nada me importa, ni del 2009 tampoco. Bueno, con permiso de otras amistades que aún pueda recibir. Váyase a la mierda todo lo demás.